Estos dias me estoy leyendo tres libros a la vez, aparte de todos los apuntes y textos que tengo en la universidad... q x supuesto son más aburridos q mis lecturas (aunque después del palo estoy contenta de haberme puesto a estudiar...) y no he podido evitar colgar este, ya q me dio mucho q pensar....
Me parece q no soy la única a la q le pasa esto...xo quizás yo tenga más facilidad xa montarme la PÍL.LÍCULA solita en mi soledad...
En mi primer año de la carrera de Educación Social, la profe nos lo recomendó aunque nunca me lo agencié, pero el otro día tuve un ataque libril-consumista en Abacus, así que devoré sus estanterias abarrotadas de libros y salí de allí demasiado cargada para el poco tiempo del que dispongo...xo encantada!
EL MARTILLO
Un hombre quiere colgar un cuadro. El clavo ya lo tiene, pero le falta un martillo. El vecino tiene uno. Así, pues, nuestro hombre decide pedir al vecino que le preste un martillo. Pero le asalta una duda: ¿Qué? ¿Y si no quiere prestármelo? Ahora recuerdo que ayer me saludó algo distraído. Quizás tenía prisa. Pero quizás la prisa no era más que un pretexto, y el hombre abriga algo contra mí. ¿Qué puede ser? Yo no le he hecho nada; algo se habrá metido en la cabeza. Si alguien me pidiese prestada alguna herramienta, yo se la dejaría enseguida. ¿Por qué no ha de hacerlo él también? ¿Cómo puede uno negarse a hacer un favor tan sencillo a otro? Tipos como éste le amargan a uno la vida. Y luego todavía se imagina que dependo de él. Sólo porque tiene un martillo. Esto ya es el colmo. Así nuestro hombre sale precipitado a casa del vecino, toca el timbre, se abre la puerta y, antes de que el vecino tenga tiempo de decir “buenos días”, nuestro hombre le grita furioso: “Quédese usted con su martillo, so penco !”
El efecto es grandioso y la técnica relativamente sencilla, si bien en modo alguno nueva. Ovidio ya la describe en su Ars amatoria (desgraciadamente sólo en sentido positivo): “Persuádete de que estás enamorado, y te convertirás en un amante elocuente... Muchas veces el que empezó fingiendo, acabó amando de veras”
Fuente: El arte de amargarse la vida. Paul Watzlawick. Editorial Herder. Barcelona. 1985.
Watzlawick es un teórico constructivista que supone que la realidad va siendo la construcción de nuestros filtros de atención y de la construcción de ideas sobre otras, muchas veces nos alejan de la realidad y sin embargo creemos que nuestra construcción ES el mundo o que somos poseedores de la verdad.
De un modo irónico y humorístico el libro del arte de amargarse la vida reune una serie de estrategias que habitualmente utilizamos a fin de vivir en el sufrimiento y el dolor.
Watzlawick inicia su libro, hablando de la cantidad de literatura, dichos, "sabiduría popular" y eventos sociales y cotidianos que llevan al fracaso de ser feliz, o dicho de otro modo, al arte de amargarse la vida. Cualquiera puede amargarse ante los acontecimientos mundiales, los problemas cotidianos, ayudados por literatura especializada, pero hay algo más sublime que es ser "artista" para amargarse la vida. [+info]
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